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La Disciplina Positiva de Dios

Llevo un tiempo queriendo escribir sobre este tema, pero tras una buena conversación con Ceci he considerado que va siendo hora de poner orden a mis ideas.

Para quienes me conocéis de siempre, no os va a suponer ninguna sorpresa esto que voy a contar. Yo creo en Dios. Sí, de toda la vida, vamos. Soy de esas niñas que nacieron en el seno de una familia católica tradicional y mantuvo su Fe a través de los años.

En el colegio aprendía que Dios era misericordioso, que todo lo perdonaba, que desde su naturaleza divina no cometía errores, pero desde su naturaleza humana comprendía mis momentos de malas actuaciones. Jesucristo decía que viéramos las cosas con mirada de niño… que fuéramos como niños. Perdonaba incluso antes de cometer el mismo pecado, y se enfadaba cuando la cosa pasaba de castaño oscuro. Era una especie de “te comprendo, te ayudo, te acompaño… pero tampoco te pases de la raya ” (esto lo digo recordando el momento en el que se llena de ira porque ve que la gente había convertido el templo en un mercado).

Pero luego llegaba a la realidad, mi realidad, mis vivencias… y no podía hacer algo porque era pecado. No podía decir algo porque era pecado. Incluso no podía sentir o pensar algo porque sería pecado… Notaba que Dios era una cosa, y todas las normas a su alrededor no iban en consonancia con eso que decía ser.

Manos de adulto y niño tocándose con el dedo índice

Así que un día cualquiera alguien me habló de algo llamado “disciplina positiva”. Una manera de educar un tanto permisiva que daba rienda suelta al niño en sus actuaciones. El padre tenía que llenarse de paciencia y siempre ayudarle a entender las cosas. Nada de superioridad, nada de manipulación, nada de sometimiento… algo completamente opuesto a la educación tradicional a la que estaba acostumbrada. Y ahí lo entendí todo.

Entendí que Dios estaba aplicando la Disciplina Positiva conmigo. Entendí que los conjuntos de normas humanos que había aprendido a lo largo de mi vida son eso, humanos. Muchas tendrán su sentido, y otras no. Con esto no estoy queriendo decir el rollo de “creo en Dios pero no creo en la Iglesia”, mi discurso no va por ahí. Mi discurso va en la línea de que siempre me he sentido querida por Dios. Hasta en los peores momentos. Y cuando la he cagado, no ha dejado de estar ahí. Nunca me ha castigado, nunca me ha dado un “cachete a tiempo”, ha respetado siempre mi libertad. La Disciplina Positiva precisamente trata eso: no es cuestión de que mis hijos no cometan errores… sino de que tras cometerlos, aprendan de ellos. Yo estoy disponible para ellos, para hablarlo, para sacar una conclusión de esa experiencia… pero no estoy para imponer las cosas, no estoy para castigar por los errores, no estoy para culpar.

Cuando me dicen que Dios es Padre, esa es la imagen que tengo en mi mente: un padre que aplica Disciplina Positiva a la perfección. Ese es el mensaje que siempre ha mandado: no mires la realidad de tus hijos a través de tus ojos de adulto, sino a través de los suyos de niño. Comprender no significa permitir, sino empatizar y saber explicar desde una perspectiva lo más parecido a la suya por qué las cosas deben ser de una manera u otra. Siempre desde el amor.

Cuando en el Antiguo Testamento veíamos a Dios como un ser tan superior a nosotros que era inalcanzable, adquirió una naturaleza humana y se puso a nuestra altura… ¿No puede ser un mensaje claro para los educadores de abandonar ese adultocentrismo en el que vivimos, y nos pongamos a la altura de nuestros hijos? Hablo de altura física, porque en cuanto a dignidad estamos todos a la misma altura como humanos que somos, obviamente. Para quien esté leyendo esto y no haya pensado nunca en actuar según la Disciplina Positiva le propongo este ejercicio: que hable a sus hijos agachándose y poniendo su mirada al mismo nivel que la de su hijo. Lo que tengas que decirle, se lo dices desde su misma altura, y no desde arriba. Ya me contarás qué tal 😉

Cuando hablo de adultocentrismo hablo de las cosas que nos molestan y por lo tanto, las consideramos como malas. Cuando un niño grita decimos que se está portando mal, cuando llora también, cuando lanza objetos también,… ¿no puede ser que estén en una etapa evolutiva en la que estén aprendiendo a calibrar su volumen de voz, o experimentando emociones que todavía no saben gestionar, o incluso experimentando con las leyes físicas? ¿Por qué exigimos tanta paciencia a los que van por delante de nosotros en el recorrido de la vida, y no la tenemos con el que va por detrás? Dejemos de ser el centro del universo y comprendamos, empaticemos.

Porque cuando Jesucristo dice “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, yo lo veo claro: la Disciplina Positiva con nuestros hijos, con nuestros iguales, con nuestros mayores,… es la respuesta.

Madre e hija caminando por la orilla de la playa en el atardecer

Comentarios (6)

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    INCREÍBLE!!! No puedo estar más de acuerdo contigo de verdad! Efectivamente, la disciplina positiva se parece muchísimo a la pedagogía de Dios y por ende a la pedagogía de María. No me la imagino criando a Jesús de otra manera!

    Gracias xq hace mucha falta este mensaje, sobretodo dentro de la Iglesia. No dudes que te comparto 🙂

    • Sara

      Muchas gracias Rocío! Sí que es necesario este mensaje dentro de la Iglesia, porque tristemente a veces creemos esto y actuamos de manera opuesta… Nada mejor que ayudarnos a reflexionar sobre nuestra relación con Dios 🙂

      Sara
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      • Avatar

        Hola!
        Cómo me gustan tus reflexiones y la manera de escribirlas… Y que visión más bonita le acabas de dar a la disciplina positiva y a Dios como padre.
        Un abrazo!

        • Sara

          Gracias preciosa!!! Ves que la DP da respuesta hasta lo más profundo de mi ser… 😂 En serio, me ha resuelto un montón de dilemas 😀 un super abrazo Marina!

          Sara
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    • Avatar

      La verdad es que cuando leí el título no esperaba para nada un post como este, he alucinado. Yo creo en Dios, me han educado en base a la iglesia evangélica y nunca me bauticé (en la iglesia evangélica se hace por decisión propia de adulto) porque había cosas que no entendía, que no me encajaban. Un poco lo que tú dices, si digo tal pecado, si hago tal pecado, etc. siempre con miedo al castigo, a no ser salva. No digo que sea esto lo que se predica, pero sí es lo que se me inculcó en casa. No podía entender cómo Dios discriminaba y dejaba fuera de su casa (iglesia) a algunas personas por su condición. La verdad es que me ha encantado la visión que das, me hace reconciliarme con la imagen que tenía.

      Sanmi_guel
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      • Sara

        Gracias por comentar, bonica! Qué gran reflexión. Pues algo parecido por aquí… La maternidad me ha dado esta visión. Ahora como madre, piensas que dejarías a algún hijo tuyo lejos de ti por decisión tuya? Porque sí? Cuando leo el Nuevo Evangelio precisamente leo lo contrario: quiere a todos tus hijos, y al que no quiera saber de ti, ve a por él, céntrate en amarle tú primero para que te corresponda, perdónale el daño que te pueda hacer… Al final los padres son quienes tienen que dar el primer paso. Es incoherente decidir alejar a un hijo de ti y decirle que es única y exclusivamente por su culpa. Dos no se pelean si uno no quiere… Y en el mensaje de amor que manda Cristo no cabe esta actitud, desde luego.

        Sara
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