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La otra María

¡Hola de nuevo! En serio, tenía unas ganas tremendas de escribir, porque estos meses hay demasiado que contar…


Mi trimaternidad me está volviendo loca, no lo voy a negar. Pero tampoco me vuelve más loca de lo que ya estaba antes XD.


Este verano me ha pasado algo muy muy curioso… ¿sabéis cuando algo tiene que suceder, tenéis la intuición de que así tiene que ser, y cualquier obstáculo que se ponga en medio hay que superarlo? Pues eso… Tengo la sensación de que María quiso ayudarme en algo, y presentarme a la otra María. Me las imagino allá donde estén, conociéndose y mi hermana diciendo a la otra “Espera, que lo tuyo es demasiado bueno para que mi hermana no lo conozca”.

Seguramente no estéis entendiendo nada de lo que estoy diciendo, así que voy a comenzar por donde es debido: por el principio.


Tras convertirme en madre de familia numerosa en abril, me empezó a picar el gusanillo de querer volver a formarme a nivel profesional. No sé si lo he dicho alguna vez, pero mi ámbito laboral es el educativo, y empecé a necesitar información sobre Montessori. Además, mis hijos van a una colegio con la palabra “Montessori” en su nombre, y consideraba responsable por mi parte conocer este mundo. Ni corta ni perezosa, me puse a hablar con Cripatia, autora del podcast “Hablemos de Montessori”, quien me orientó muy bien qué tipo de formación podría interesarme. Me apunté a un curso en verano de Asistente de Casa de Niños (por así decir, ser la profe auxiliar en un ambiente Montessori de infantil), ya que aunque mi ámbito es el de primaria, se recomienda empezar por la base (por el principio, vamos). Feliz de la vida, apuntada a un curso gracias a una serie de acontecimientos que permitían que me pusiera a estudiar esos días, no todo podía ir tan perfecto… y una semana antes de empezar el curso me avisaron de que quedaba cancelado finalmente. Así que nada, vuelta a empezar en mi búsqueda de un curso para formarme como “algo” en Montessori. Tenía tal necesidad de hacerlo que localicé otros cursos en Valencia o Santiago. El de Valencia era igual que el que iba a hacer, por lo que me venía bien. Pero las fechas mal. El de Santiago era de Taller (primaria), pero eso suponía que no iba a empezar por infantil, etc etc etc… caos, cacao mental, necesidad loca de estudiar ESO, sin dinero para trasladarnos (porque si tenía que ir a otra ciudad, tenía que ir con mi bebé a la teta, y con alguien que me lo cuidara durante mis horas de clases, es decir, mi marido, y como era verano, si venía mi marido, venían los niños también). Pues nada. Nosotros, que nos habíamos planteado un verano en casa a remojo, nos veíamos locos buscando dónde quedarnos durante 10 días en Santiago.


Coincidencias de la vida, me pasaron el contacto de una persona que se dedicaba al alquiler vacacional allí. Me interesaba comentarle que iba a estudiar para que no me inflara mucho el precio, así que ahí me veía contando mi vida a un desconocido sobre mi viaje a Santiago con marido y 3 niños. De repente, aquel hombre, me dice: 
“¿vas a hacer esa formación Montessori? ¡Yo también!”


Confusión… Iba a hacer un curso que prácticamente nadie hace, que cada dos por tres terminan cancelando por falta de alumnos, llamo a una persona en Santiago…¿y da la casualidad de que era una de esas personas que iba a estudiar eso? demasiada coincidencia. Eso eran señales, lo juro. Señales de que necesitaba estudiar ESO como sea. Así que me apañé con este buen hombre y allí nos presentamos toda la familia.

Mano de señora mayor agarrando un ramito de violetas. La foto está en blanco y negro, dando sensación de antigüedad


Ahí comenzó todo. Ahí conocí a la otra María. Aparecí una mañana en el colegio Montessori de allí, afincado en el claustro de una Colegiata (comprendéis que esto lo estoy escribiendo con música de guitarra relajante de fondo y estoy muy ambientada. Os aconsejo darle al Spotify y escuchar el playlist de “Peaceful Guitar” mientras leéis). Un lugar pequeño, acogedor, con unos ambientes preciosos para desarrollar horas y horas de trabajo. Comenzó la clase y mi mente se puso en modo absorbente. Cada palabra de aquella maravillosa entrenadora era aliento para mi cerebro. Ahí comenzó todo.


La otra María tenía muchas cosas que contarme. Llevaba desde el siglo pasado mandando un mensaje que tuve oportunidad de conocer en varios momentos de mi vida, pero no lo hice. Seguramente no fue así porque no me habría llegado tan bien como en este momento. A veces no es que no escuchemos las cosas, sino que simplemente no estamos preparados para recibir esa información y que cale hondo en nosotros. Éramos 13 compañeros en clase (sí, el buen hombre que me facilitó el alojamiento era uno de ellos), y creo que unos 2 o 3 no éramos de Santiago. Los demás eran profesores del colegio y padres involucrados en este proyecto. Ahí se respiraba mucho amor e interés por el buen desarrollo de la próxima generación. Aquello era una maravilla. 


Los primeros días volvía a casa transformada, y con tanta información tan valiosa, que dormía muy pocas horas por la noche porque mi cerebro no me dejaba descansar. Era tal la estimulación que recibía, me conmovía tanto mi alma como mi mente todo aquello… era el momento perfecto para conocer a la otra María, la Señora María Montessori.


Fueron 10 días intensos, en los que di la vuelta a todo mi ser. Volvimos a casa transformados (os imagináis el turre que le daba yo a mi marido cada día al salir de clase, sobre las cosas que había aprendido aquel día). Maravilloso. Conocí (o desvirtualicé) a Un Papá Montessori y su preciosa familia, visité a mi querida Ceci en su pueblo. Comí mucho queso, vi cómo la gente llegaba hasta Santiago después de a saber cuántos kilómetros… Fue como un sueño. Nunca en mis años de carreras en educación había encontrado tanto sentido al desarrollo humano.


La vuelta a la realidad madrileña fue dura, de verdad. Pero fue un avance tremendo. Fue como desbloquear niveles en el Super Mario Bros, o encontrar la Ocarina del Tiempo en el Zelda. Así que en esas nos encontramos ahora… leyendo a diario a la Señora Montessori y sintiendo con cada palabra que necesito más de todo eso que dice. Sin duda, recomiendo infinitamente una formación así, aunque sea para encontrarle la lógica al asunto este que nos traemos entre manos muchos, que es la educación.

Niña con globos en la mano, corriendo por el campo


Quien quiera que le siga contando cosas sobre Montessori, que mire mis destacados de Instagram o me pregunte por privado. Yo estaré encantada de hablar de ella 😀

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