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Las notas en el colegio

Hace unos días hablaba con mi amiga Tere sobre este tema. Comentábamos lo frustrante que es. ¿Cómo perdemos el interés por aprender? ¿cómo hacemos que un niño llegue a primaria con la firme intención de descubrir TODO lo que nos rodea, y salga de ella con la autoestima tocada, con un único propósito de sacar buenas notas, o de huir?

Pongo un ejemplo muy común: Yo. Llegué a primaria, conocí ese sistema de notas y deberes (de hecho, quería tener notas y deberes porque me hacían sentir mayor) y de repente empezaron a llegar los “no 10s”. Así que mi nivel de autoexigencia empezó a bajar, ya que “para qué” me iba a frustrar por una nota más baja, si ese era mi perfil de estudiante. Ese era mi valor.

Uno empieza a hacerse a la idea de que no es el mejor de la clase (y el que sí lo es, la autoexigencia cada día es mayor, unida a una baja tolerancia a la frustración), de que no es el mejor, así, en términos generales. 

¿Está mal pensar que no soy la mejor? NO. Lo que está mal es que a un niño se le eduque en la competición, se le enseñe que esto es una carrera de fondo, que te creas un recorrido (hola etiquetas), que te puedes dar segundas oportunidades PERO “vas a cumplir con un patrón”. 

Mi patrón era el ser vaga. Mi letra era ilegible (días sin recreo corrigiendo eso), mis deberes caóticos (o directamente no los hacía), y los “búscate la vida” de mi profesora de lengua en lugar de ayudarme a ser más fuerte, mermaban mi autoestima. 

Hasta que un día mi padre me dijo que ya estaba bien de vaguear tanto… y yo le respondí “papá, es que soy tonta”. Me lo creía de verdad. Se lo dije con la firme convicción de que yo no estaba hecha para esa carrera. Por aquel entonces estaba en 1º de la ESO. En 6 años de primaria mis expectativas sobre mi propia persona habían pasado de “tengo que sacar un 10 porque me veo bien en este ámbito” a “soy tonta”. 

¿En serio es necesario hacer pasar a nuestros hijos/alumnos por esto?¿Qué son las notas? Son un número. Sabemos que no hay nadie que sea de 10 en todo, porque las últimas décadas de estudios sobre la mente humana han demostrado que la energía que nuestro cerebro gasta en un tipo de inteligencia deja de gastarla en otro (perdón por mis inexactitudes). Así lo veo yo, al menos. No hay nadie que sea perfecto en TODOS los ámbitos, siempre hay algo que se le da muy mal, o mejor dicho, que no se le da “tan bien”. 

¿Entonces qué me quiere decir un boletín de notas que refleja 10 en todas las áreas?

Quiere decir que según unos estándares de medida, ese niño cumple. Quiere decir que en una población donde se de mucha importancia a la lingüística y poca importancia a las artes, un niño que por naturaleza desarrolle su capacidad lingüística más que la artística es un niño ideal, y el que desarrolle la artística por encima de la lingüística no.

¿Dónde quedó eso de que cada persona es única e irrepetible? ¿por qué yo tengo que valer menos que otra persona? Las notas, unos marcadores establecidos por unas personas concretas en unas circunstancias concretas, pretenden ser una marca objetiva del recorrido académico de cada persona. Mira, NO. 

1. Se etiqueta al niño (tanto en casa como en la calle) 

2. Se le muestra un valor sobre su trabajo (que el niño interpreta que ese es su valor como persona)

3. Se le indica en qué medida cumple con unas expectativas ajenas

4.Aprende a que su aprendizaje es objeto de complacencia del adulto

5. Ve que su recorrido académico responde a un objetivo meramente profesional

6. En definitiva: nos encontramos con personas que llegan al bachillerato por inercia, sin saber qué camino profesional tomar.

Y para colmo, cuando una llega a la universidad tiene que lidiar con comentarios de profesores indignados porque “cada día los alumnos llegan peor preparados”. Pues señor profesor, tengo una mala noticia: no es deber del alumno llegar preparado. Es deber del profesor “prepararle”. Y para eso va a la universidad (qué cosas, ¿no?). En fin, que el sistema educativo que tenemos lleva bastante tiempo obsoleto. Cuando se creó con el objetivo de alfabetizar a la población tenía “cierto sentido” este planteamiento, pero a día de hoy seguimos defendiendo un sistema que lo que mejor sabe hacer es perpetuar las taras emocionales.

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